El campo no entiende de calendarios fijos, sino de ciclos naturales. Tras un inicio de año marcado por la lluvia y incertidumbre, la campaña de patata nueva en el sur de la península encara su etapa clave con muy buenas perspectivas.
Un inicio de campaña complicado
Los meses de enero y febrero nos pusieron a prueba. Las intensas y continuas lluvias registradas en Andalucía provocaron un exceso de humedad que, en muchas parcelas, impidió la entrada de maquinaria y retrasó las labores de siembra. Este escenario situaba el horizonte de la recolección algo más lejos de lo habitual, planteando un reto logístico y productivo para nuestros agricultores.
El impulso del sol
Sin embargo, la reciente estabilidad climatológica y el aumento de las temperaturas han dado un vuelco a la situación.
Las plantas han reaccionado de forma extraordinaria al buen tiempo, recuperando el ritmo de crecimiento perdido y el vigor.
Asimismo, la humedad acumulada durante el invierno, combinada con las horas de sol actuales, está favoreciendo un desarrollo óptimo y equilibrado de los tubérculos.
Por consiguiente, los días de sol están acortando significativamente los tiempos para la cosecha, permitiendo que la patata nueva llegue al mercado lo antes posible.
Compromiso con el origen y la calidad
Así lucen las patatas de uno de nuestros asociados, Contagri, en Azanalcázar (Sevilla). El esfuerzo realizado este año para compensar los desafíos del clima ha sido encomiable.
Andalucía sigue siendo una pieza estratégica para asegurar que la mejor patata nueva llegue a los lineales. Estamos muy cerca de ver los resultados de este esfuerzo: una patata de calidad y con la garantía de excelencia que define a los productores del entorno de Doñana.

