El entorno del Espacio Natural de Doñana es, por su propia naturaleza, un territorio donde el equilibrio es una obligación diaria. En este escenario de altísimo valor ecológico, la agricultura no solo debe ser productiva, sino ejemplar en el uso de los recursos.
El ejemplo más reciente y ambicioso de esta transformación lo lidera la Junta Central de Regantes de la Margen Derecha del Río Guadalquivir. Con una estrategia unificada que engloba a más de 1.200 regantes y casi 25.000 hectáreas de cultivo arrocero, la comarca se ha consolidado como un auténtico ejemplo de la conocida como “Agricultura 4.0”.
El PERTE del agua
A través del respaldo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, enmarcado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia financiado por la Unión Europea (NextGenerationEU), se ha desplegado un ambicioso proyecto de digitalización hídrica. Esta inversión no solo busca modernizar las infraestructuras, sino cumplir de manera estricta con las exigencias de la Directiva Marco del Agua, demostrando que la tecnología es la mejor aliada de la sostenibilidad ambiental y del uso eficiente de los recursos.
Como destaca Álvaro Pallarés, presidente de la Junta Central, el objetivo es claro: «Construir un regadío más moderno, más eficiente, más transparente y mejor preparado para la adaptación al cambio climático, produciendo más con menos en un entorno tan sensible como el Guadalquivir y su confluencia con Doñana».
Las cuatro líneas maestras de la eficiencia
Para entender cómo Doñana se está convirtiendo en un espejo de digitalización para toda Europa, el proyecto estructura sus actuaciones en cuatro pilares fundamentales interconectados:
Optimización de la gobernanza: se han mejorado los circuitos hidráulicos y las herramientas internas para gestionar con absoluta precisión los derechos y usos del agua en toda la zona arrocera.
Conectividad y datos en tiempo real: las nuevas herramientas tecnológicas dialogan de manera directa y transparente con los sistemas de control de los organismos de cuenca, garantizando un control riguroso de cada gota.
Precisión para el regante: tanto las comunidades integradas como los agricultores individuales cuentan ahora con sistemas modernizados que dotan de una precisión quirúrgica a la distribución del recurso.
Capacitación digital: porque la tecnología no sirve de nada sin las personas, el proyecto incluye una intensa formación en competencias digitales para que el personal técnico y los propios agricultores sepan interpretar y optimizar los datos hídricos.
Una estrategia unificada para el Bajo Guadalquivir
Lo verdaderamente diferencial de este proceso de transformación es su carácter colaborativo. La optimización del agua en un entorno protegido no puede hacerse de manera aislada. Por ello, esta estrategia integra a las principales entidades de la zona, como las Comunidades de Regantes de Canal de Isla Mínima, La Abundancia, Isla Mínima de Escobar, La Puebla del Río, La Ermita y Vuelta el Cojo.
El resultado es un frente común que, arropado por autoridades como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, demuestra que la comarca arrocera de Sevilla no solo es el motor económico de la marisma, sino el mejor ejemplo de que la digitalización es la llave para proteger el corazón verde de Andalucía.

